martes, 29 de marzo de 2016

de John Cheever

¿Por qué le agradaban las tormentas? ¿Qué sentido tenía su excitación cuando la puerta se abría bruscamente y el viento de lluvia se abalanzaba impetuoso escaleras arriba? ¿Por qué la sencilla tarea de cerrar las ventanas de una vieja casa parecía apropiada y urgente? ¿Por qué las primeras notas cristalinas de un viento de tormenta tenían para él el sonido inequívoco de las buenas nuevas, una sugerencia de alegría y buen ánimo?


John Cheever, El nadador (fragmento)
Fotografía de Louisiana, autor (?)

Que tengas una semana maravillosa!!!!

lunes, 11 de enero de 2016

Una mañanita azul, por Norah Lange

ilustración: Isabel Hojas 

Una mañanita, azul 
El sol se cayó en mis manos. 
Los rayos se pasearon por los caminos de mis brazos. 
El beso de oro 
Hizo sangrar mis dedos 
Todo el cristal se rompió de llanto 
Y el camino 
Largo, como un siglo 
Formó otro horizonte.


De cuando era grande, Katy Herendi



De pequeña tenía costumbres que me avergonzaban porque pensaba que nadie más que yo hacía las cosas que a mí me gustaba hacer. Creencias con las que crecí y que mucho después, cuando las contaba a alguien más con mi habitual timidez, descubrí que muchos niños llenaron su infancia solitaria de recuerdos similares. 

Me gustaba caminar tocando las paredes de la casa donde vivíamos. Empezaba por el portón verde de rejas trabajadas de la entrada de la calle que daba a un jardín de rosas, no muy grande. La casa estaba pintada de amarillo pálido como casi todas las casas del barrio. Me gustaba sentir en las palmas de las manos la rugosidad tenue y fresca. Simulaba estar distraída y avanzaba lenta y ceremoniosa como una novia de telenovela camino al altar mientras acariciaba el paredón que era el lateral de la casa de dos plantas vecina a la nuestra, al llegar a la entrada del garaje, que nunca vi abierto no sé por qué, doblaba y seguía pasando mis manos por el hueco del porche hasta donde la pared terminaba y comenzaba el pasillo. Allí me detenía para ver cuán largo era ese pasillo, para mí, a esa edad, con ese tamaño pequeño con el que todo era alto inalcanzable o largo, infinito, y sin sacar la palma de mi mano de la pared llegaba al ventanal. Allí me ocurría la extrañeza de siempre; me asaltaban imágenes de cuando había sido grande, y de alguna manera tenía la convicción de que aquello que sentía tan nítido lo recordaría cuando volviese a ser grande. Entonces me quedaba largo rato con mis pensamientos enormes en mi cuerpo de niña con una visión magnífica de lo que me rodeaba, porque sabía que luego de cierto tiempo todo volvería a estar al alcance de mi mano y ya no precisaría estirarme tanto y quizás inútilmente; la hamaca de madera con los dos asientos enfrentados me iba a parecer baja y para ese entonces tal vez dejaría de interesarme por ella. Cuando mi madre me llamaba para saber qué estaríamos haciendo mis hermanos y yo, y luego de comprobar que mis hermanos estaban jugando a la pelota en la vereda mientras que como de costumbre yo prefería la soledad, me esforzaba por responder como una niña que, después de todo, era lo que se esperaba de mí. Si me alejaba del ventanal la sensación desaparecía. Solo se daba en aquel espacio y junto a ese lugar, ese punto exacto cerca de la ventana y creo que rápido lo olvidaba para evitar tener que explicárselo a nadie. 
Y además tenía un novio que había dibujado con una tiza de costurera de mi madre. Le había dibujado los ojos y una boca en la columna de desagüe de lluvia que sobresalía de la pared del pasillo. A veces nos besábamos furtivamente sin que nadie nos viera. Era hermoso. 
Quizás por eso es que cuando un niño habla, en la calle, en una plaza cualquiera, en un paseo, presto mucha atención y lo tomo muy en serio. Los niños saben de lo que hablan, nos hablan con verdad. Y saben cosas que nosotros ya hemos olvidado.


Katy Herendi, De cuando era grande
Ilustración, Margaret Tarrant



#MargaretTarrant #infancia #cuentos #brevestextos #KatyHerendi

martes, 22 de diciembre de 2015

Feliz Navidad


¡¡¡Muchas Felicidades en esta Fiestas!!! 



 Que en el silencio de esta Noche


Nuestra alma escuche la voz de los Ángeles:


"Les traigo una buena noticia,


les ha nacido el Salvador".


Que hoy todos los hombres salgamos a buscar al Niño Dios sabiendo que esta en el pesebre.


No tengamos miedo a entrar en la cueva huele a oveja,


huele a Pastor, Huele a amor.


Que este olor inunde el mundo, que no haya mas olor a guerra,


que en el mundo no haya mas olor a odio.


Que por esta noche al menos,


el mundo se parezca a una gran familia.


Que ningún niño llore de hambre,


que ningún anciano viva el abandono..


Que nuestros seres queridos ausentes


tengan un lugar en la mesa.


Que todos los hombres tengan un hogar


donde compartir el amor.


Que los que están en el cielo


compartan con nosotros esta Noche.


Que Jesús se quede en nuestro corazón para que siempre sea Navidad.





(Fuente: Oración del Padre Tomás LLorente).


miércoles, 16 de diciembre de 2015

Ocuparse

 
Toco los objetos que fueron de mi madre. Mi madre que falleció hace un año. Todo lo guardaba -en carpetas, en cajitas forradas por ella aprovechando incluso las que traían los saquitos del té que le gustaba, en cajas de plástico grandes con tapa, en las latas decoradas de las masitas de manteca, en fin, era una guardadora profesional. Y no lo digo con dobles intenciones, sino por el contrario, es con el ánimo de decir que todo le resultaba útil, interesante, importante, imprescindible, imposible de ser desechado. Por eso ella siempre decía que estaba ordenando. Y es que así era, en verdad ordenaba. Y ahora en cada caja, en cada carpeta, en cada cajón que abro resulta que me recibe no solo su perfume -que increíblemente está impregnado en todo, incluso en los papeles y los muebles-, sino que descubro cuántas cosas requerían de su atención. Los temas diversos. En cuántos coincidíamos sin saberlo, cuántas cosas más hubiésemos podido compartir.
En la penumbra de su casa, con las ventanas abiertas y la brisa recorriendo los ambientes, encuentro a mi madre en todo. Siento su presencia, me sorprendo con artículos que de pronto salen como a mis manos, y que son algunos temas en los que precisamente yo estoy poniendo mi atención ahora. Como si ella me advirtiera que allí están, puestos para mí, con la generosidad que siempre tuvo para facilitarme aquellas cosas que sabía que me interesaban. No solo a mi, sino a todos quienes la rodearan.
Descubro en esta limpieza obligatoria, y lo suficientemente minuciosa como para no desechar nada de valor, a una mamá que no sabía que tenía. Y que lamento tanto no haber descubierto en tantos años que compartimos.

jueves, 10 de diciembre de 2015

sobre Wabi Sabi

 “ aflojar el paso, ser paciente, y mirar muy de cerca.”

del libro: Wabi Sabi. Para Artistas, Diseñadores, Poetas y Filósofos